¿Hasta qué punto es peligroso el aluminio?

El aluminio es un elemento muy útil. Mucho más difíciles le habrían sido las cosas a la industria aeronáutica, y sus aplicaciones van desde la construcción de vehículos hasta el tratamiento del agua. Pero ahora corre a veces la sospecha de que el elemento, al que antes se consideraba no tóxico, no es tan inofensivo, de que podría ser, en parte, responsable del cáncer de mama y de la enfermedad de Alzheimer. Respondemos a las cinco preguntas más importantes.

¿Cómo entra el aluminio en el cuerpo?

La fuente conocida más importante de aluminio son los alimentos. El aluminio es uno de los elementos más comunes de la corteza terrestre y, por lo tanto, se encuentra en determinadas cantidades en casi todos los alimentos, especialmente en las hierbas y especias secas, que contienen una media de 145 microgramos de aluminio por gramo, y en los productos de chocolate, con 33 microgramos por gramo. Dependiendo de la forma de dosificación, se absorbe a través del tracto gastrointestinal hasta un uno por ciento de la cantidad ingerida, de modo que sólo una fracción del aluminio de los alimentos llega directamente al cuerpo. Además, el metal está contenido en el agua potable, y también es ingerido en cantidades considerables con los medicamentos.

Otro foco de atención son los antitranspirantes, que suprimen la transpiración en las áxilas. Contienen compuestos de aluminio, como el cloruro de aluminio o varios hidroxicloruros de aluminio disueltos en agua. Actúan mecánicamente, por así decirlo: precipitan proteínas y taponan así en la glándula sudorípara (se ha visto en experimentos que basta con remover la capa superior de la epidermis con una cinta adhesiva para destaponarla y permitir que el sudor fluya de nuevo.) El sudor que se forma ya no sale al exterior, sino que la pared glandular absorbe el líquido estancado. El aluminio tiene un efecto puramente externo, pero parte de él entra de todas formas en el cuerpo

¿Cuánto aluminio absorbemos al día?

Según un metaestudio de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), ingerimos entre 1 y 15 miligramos de aluminio al día, dependiendo del país y de la dieta. En el caso de los adultos, esto equivale a alrededor de 0,2 miligramos por kilogramo de peso corporal y día, y en el caso de los niños y los bebés, a 0,35 miligramos. La EFSA supone que la «ingesta semanal tolerable» (o IST) es de hasta un miligramo de aluminio por kilogramo de peso corporal, es decir, 0,143 miligramos por kilogramo y día; por lo tanto, una parte apreciable de la población supera la dosis segura con el aluminio que toma con los alimentos. Sin embargo, los estudios en animales muestran que el envenenamiento crónico requeriría la ingesta durante largos períodos de tiempo de más de 50 o 100 miligramos de aluminio por kilogramo de peso corporal y por día.

El aluminio también está presente de forma natural en el agua potable; además, se usan las sales de aluminio en el tratamiento del agua para que se produzca la floculación de los contaminantes orgánicos. Estudios realizados en Estados Unidos muestran que las concentraciones de aluminio en el agua natural caen dentro de un amplio intervalo y que el tratamiento del agua no las cambia apreciablemente. Por término medio, la cantidad de aluminio absorbido de esta manera es más o menos un orden de magnitud menor que la tomada con los alimentos. Se consume mucho más aluminio en circunstancias especiales: con los medicamentos y en ciertos trabajos. Según la EFSA, los trabajadores de la industria del aluminio toman unos 40 miligramos del metal por día de trabajo. Entre los fármacos que contienen compuestos de aluminio están los antiácidos (neutralizadores del ácido gástrico); varios de ellos contienen hidróxido de aluminio básico y, dependiendo de la dosis de estas sustancias, el usuario ingiere entre uno y dos gramos de sales de aluminio

El aluminio también entra al cuerpo a través de la piel por medio de productos de parafarmacia, por ejemplo de los antitranspirantes. La AFSSAPS (la agencia francesa del medicamento) llegó a la conclusión de que la piel sana absorbe alrededor del 0,5 por ciento del aluminio, mientras que una piel dañada absorbe hasta un 18 por ciento. Según el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (la BfR), la toma absoluta es de 10,5 microgramos, y esa cantidad aumenta muchas veces con la piel dañada, por ejemplo despues de rasurarla. Dado que sólo alrededor del 0,1 por ciento del aluminio presente en los alimentos es biodisponible, la IST de la EFSA (0,143 miligramos por kilogramo de peso corporal y por día) supondrá la asimilación de 0,143 microgramos por kilo y día; por lo tanto, con la aplicación de un desodorante que contiene aluminio una persona de 70 kilogramos de peso habrá ya alcanzado una buena parte de esa dosis diaria asimilada aceptable.

¿Dónde se acumula el aluminio en el cuerpo y cuánto tiempo permanece allí?

Tampoco hay una respuesta clara a esto. Una vez en el cuerpo, el aluminio se distribuye por los diferentes tejidos, aunque de forma irregular. Aproximadamente, la mitad se queda en los huesos y una cuarta parte en los pulmones, pero también llega al cerebro, llevado por el líquido cefalorraquídeo. El contenido de aluminio aumenta en todos los tejidos con la edad. Los experimentos con animales indican que el aluminio se acumula más en el cerebro y los huesos cuando hay una falta de calcio y hierro.

Esta distribución diferente entre unos tejidos tiene un efecto directo en el tiempo que el aluminio permanece en el cuerpo; el tiempo de retención del metal varía mucho. Esto lleva a que los investigadores obtengan resultados peculaires en sus estudios de la eliminación del aluminio, en los que recurren a compuestos de aluminio marcados con isótopos. A través del riñón sale del cuerpo en un solo día alrededor del 60 por ciento del aluminio, pero, en cambio, las observaciones a largo plazo arrojan vidas medias de hasta 50 años. Según un estudio, hacían falta cuatro años y medio para que el metal desapareciera de cerebros de rata.

 El aluminio, ¿causa alzhéimer?

Se sabe que el aluminio causa al menos una demencia grave, pero solo en un grupo muy específico de personas: la encefalopatía por diálisis. Afecta a algunos pacientes cuyos riñones no funcionan bien, que necesitan depurar su sangre y que absorben grandes cantidades de sales de aluminio con los fluidos de la diálisis. Estas sales se utilizaron durante mucho tiempo para eliminar el exceso de fosfato del cuerpo. Parte del metal entraba en el torrente sanguíneo. Como resultado, los pacientes desarrollaban un daño cerebral progresivo, que llegaba hasta la demencia severa. La razón no está clara. Según la hipótesis más verosímil, el aluminio altera el equilibrio del calcio en las células nerviosas. Sin embargo, esto no se ha demostrado aún de manera concluyente. Los fluidos de diálisis no suelen ya contener sales de aluminio.

Por lo tanto, está demostrado que el aluminio puede dañar el cerebro, pero la mayoría de los investigadores creen que solo en condiciones extremas, no con las cantidades que normalmente ingerimos con los alimentos o a través de la piel. La idea de que puede haber una conexión entre el alzhéimer y el aluminio se basa, por un lado, en el conocido efecto neurotóxico del metal y, por otro, en que algunos investigadores han encontrado un aumento de las concentraciones de aluminio en los cerebros de los pacientes de alzhéimer y en los amasijos de proteínas tau, típicos de la enfermedad.

Los estudios epidemiológicos, sin embargo, no han encontrado ninguna conexión entre la ingesta de aluminio y la enfermedad de Alzheimer, por lo que muchos expertos consideran que la hipótesis no es válida. La absorción de aluminio puede ser un síntoma de la enfermedad neurodegenerativa más que su causa: quizás la mayor concentración se deba simplemente a la contracción general del cerebro en la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, la BfR sigue considerando que existe una gran necesidad de investigación en este campo, especialmente en lo que se refiere a los efectos a largo plazo, mal investigados, de la exposición a las sales de aluminio.

El aluminio, ¿causa cáncer?

La sospecha de que el aluminio tiene algo que ver con el cáncer de mama se basa en que los tumores de mama pueden propagarse a la axila, donde tan a menudo se aplican antitranspirantes que contienen aluminio. Algunos no quieren pensárselo dos veces: entonces, es que los antitranspirantes causan cáncer.

Dos razones se esconderían tras ello. Como los antitranspirantes hacen que se acumule, el sudor no puede ya disipar las sustancias nocivas, sino que las devuelve al tejido, si bien, por otra parte, contiene casi exclusivamente agua, sal y proteínas. Y algunos investigadores sospechan que el aluminio podría contribuir por sí mismo al cáncer, por su toxicidad.

Sin embargo, la mayoría de los estudios niegan la relación. Dos estudios, uno de 2002, el otro de 2006, no han encontrado ninguna entre el cáncer de mama y los antitranspirantes; solo otro, de 2003, mostró una incidencia más temprana del cáncer de mama en mujeres expuestas al aluminio, pero no tasas absolutas de cáncer más altas, curioso resultado que puede deberse a una anomalía estadística. Un vínculo ha ido pareciendo después cada vez más improbable o, al menos, insignificante. Los estudios reconocen de forma fiable los factores de riesgo conocidos del cáncer de mama, que deben, pues, ser mucho más importantes. Sin embargo, tampoco sobre esta cuestión se ha dicho aún la última palabra.

Lars Fischer

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